"La gente cree que soy una persona bastante extraña. Eso es incorrecto. Tengo el corazón de un niño pequeño. Está en un frasco de vidrio sobre mi escritorio" . Stephen King.
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miércoles, 18 de noviembre de 2009

La imagen Divina

El sacerdote contempló una vez más la iglesia vacía, ahora comprendía su error. Cuando los feligreses le pidieron ayuda para combatir el mal que amenazaba el pueblo, él los animó a rezar, más las oraciones y las plegarias de nada sirvieron en esta ocasión.

Poco a poco los habitantes del pueblo fueron cayendo, primero los hombres, luego las mujeres y los niños, al final los ancianos, la vieja estrategia de cualquier invasión, eliminar primero las mayores amenazas.

Ahora él se hallaba solo, solo ante su Dios, solo ante su fe. Dio la espalda a las bancadas y se postró ante el altar, inclinó ligeramente su cabeza y una oración de súplica comenzó a salir de sus labios.

Escuchó como lentamente se abrían las puertas del templo, había llegado su hora, lo sabía. La temperatura bajo varios grados en el interior de la gran bóveda. Continuó rezando hasta que notó que una terrible presencia estaba a su espalda, pudo sentir el aliento gélido del maligno. Apoyó su mano en el inerte y frío mármol del altar, se incorporó y sin volverse preguntó:

- ¿Quién eres?
- Tu señor todopoderoso.
- Eso es mentira -contestó intentando transmitir una tranquilidad inexistente- ¿por qué ocultas tu identidad?
- Quién yo soy no debe preocuparte, más bien lo que he venido a hacer quizás.
- No temo a la muerte, soy anciano y ya nada puede perturbarme.
- Ahora mientes tu viejo, sé que me temes y sin embargo tu vida no me importa, otra cosa es lo que vengo a buscar, tu fe.
- Lo siento, pero esta batalla la has perdido antes de haberla comenzado, mi fe es más fuerte que tu puño y nada me puedes hacer temer.
- Vuélvete viejo y comprueba porque erras, tu fe he venido a buscar y sin duda en ti la he hallado.

El anciano sacerdote escucho aquellas últimas palabras como si en ellas, hubiese reconocido a un viejo amigo, lentamente se volvió y su cuerpo se estremeció con tanta fuerza, que incluso el frío y solido mármol pareció moverse tras él. Ante sus ojos, la imagen Divina, la mismísima imagen de Jesús de Nazaret, con su castaño pelo ondulado y una inmensa paz en su mirada. La presencia sonrió y susurró al anciano.
- Lo ves viejo, te has vuelto a equivocar, yo nunca miento y… nunca pierdo.

El sacerdote, con la dificultad ocasionada por sus emocionados y temblorosos labios respondió:
- Señor, por un momento… por un momento pensé que todo esto era real, que en este pueblo habitaba en verdad el mal. Ahora sé que todo ha sido una prueba de fe, que mi rebaño está a salvo y que sólo deseáis comprobar mi fe hacia vos.
- De nuevo te equivocas viejo –susurró la presencia- nadie está a salvo, tu tampoco, tu fe te será arrebatada.

Alzo su mano derecha y con fuerza la clavo en el pecho del anciano, arrancándole el todavía palpitante corazón mientras los ojos aun con vida del sacerdote, contemplaban la amable cara de Jesús. Quiso hablar pero ya era imposible, su mente bloqueada destelló una última vez y alcanzó a comprender lo que el señor quiso decirle cuando le anunció, que venía a arrebatarle su fe, pues esta, abandonó su cuerpo incluso mucho antes de que lo hiciese su corazón.

El sacerdote yacía desangrándose a los pies del altar, el mismo altar que había glorificado durante toda su vida y el cual en los últimos años, se había convertido en su única razón de ser.

La presencia caminaba entre las bancadas hacia la tenue claridad de la entrada, a cada paso que daba, su cuerpo y su faz se iban transformando en su verdadero ser. El rostro de Satanás sonreía mientras en su mano, sujetaba uno de sus trofeos predilectos, el corazón de un hombre bueno y la fe, de un sirviente de Dios.
Título: La imagen Divina \ Género: Ficción \ Autor: El Susurrador \ Imagen: Internet