"La gente cree que soy una persona bastante extraña. Eso es incorrecto. Tengo el corazón de un niño pequeño. Está en un frasco de vidrio sobre mi escritorio" . Stephen King.

sábado, 31 de octubre de 2009

Halloween

Halloween era sin dudarlo su fiesta preferida, la combinación perfecta, lo dejaban estar de pie hasta tarde, podía comer montones y montones de golosinas y siempre se disfrazaba de lo que más le gustaba, el monstruo de Frankenstein. Además este año, su madre le había prometido que lo dejaría ir con sus amigos a llamar a las puertas de la urbanización, para Pedro de casi ocho años, la idea de salir pidiendo el truco o trato lo tenía alterado y nervioso desde que se había levantado.
Amelia salió de su oficina a las 19.05, su hora habitual, pero con lo que no contaba era con encontrase al llegar a su coche con una rueda pinchada, no tuvo más remedio que llamar al servicio de asistencia en carretera, a sabiendas de que en medio de la ciudad y a aquella hora, la espera sería interminable.
Jesús atendió la llamada justo cuando estaba a punto de entrar en una importante reunión de negocios, eran las 19.15. A pesar de que su mujer estaba atrapada en el centro, el no podía hacer nada para ayudarla, quince empresarios de varios países aguardaban para ver la nueva campaña de marketing que dirigía Jesús personalmente, imposible eludir la cita.
Después de hablar con su marido. Amelia llamó a casa, habló con María y le explicó lo que había sucedido, a pesar de la juventud de María y de ser la fiesta de Halloween, comprendió la situación y se comprometió a quedar con Pedro hasta que Amelia o Jesús llegasen a casa.
A las 20.00 sonó el timbre de la casa de los Cuesta, Pedro salió corriendo hacia la puerta mientras María le gritó que no abriese la puerta. La joven la abrió con cautela mientras Pedro daba saltitos a su lado, esperando que fuesen sus amiguitos con cestas cargadas de ricas golosinas. En el umbral de la puerta, un extraño payaso de tez blanca, nariz colorada y amplia sonrisa, balanceaba en su mano izquierda una pequeña cesta de mimbre, mientras la derecha, la mantenía oculta a su espalda, susurró algo que María no alcanzó a entender e inmediatamente dio un paso al frente.
A las 20.10, Jesús llamó a su mujer, la reunión había sido mucho más rápida y fructífera de lo que aguardaba. Amelia le pidió que fuese directo a casa, a pesar de que el servicio de asistencia no tardaría en llegar, ella se encontraba a 36 km. de casa y el podía llegar en sólo diez minutos.
A las 20.25 Jesús apagó el motor de su Ford Taurus en la entrada del garaje, bajó del vehículo y se dirigió a la puerta principal de su casa, varios jóvenes y niños alborotaban la tranquila urbanización privada. Tiraban petardos mientras gritaban y corrían de casa en casa. Caminaba distraído mirando a los pequeños y tropezó con algo, una pequeña cesta de mimbre con algunas golosinas en su interior, extrañado la recogió y la llevó hacía la puerta, un golpe de temor y calor repentino se apoderó de él al comprobar que la puerta estaba entreabierta y no había nadie cerca de ella, irreflexivamente, saco del interior de su chaqueta un pequeño revolver que había comprado hacía 3 años, justo antes de trasladarse a la urbanización y cuando todavía vivían en un barrio de los considerados peligrosos. Abrió la puerta del todo y entro en la casa con cautela, llamó por María, pero no obtuvo respuesta, estaba a punto de llamar a su hijo cuando lo vio tirado en el suelo del pasillo que daba al salón, era imposible, se dio cuenta de que algo muy malo tenía que haber sucedido para que su hijo dejase tirado allí su disfraz de Frankenstein.
Jesús comenzó a sudar, por su mente los pensamientos, malos pensamientos, se agolpaban provocándole una mezcla nunca antes vivida de preocupación y temor, ni el mismo se atrevía a reconocer que realmente era terror lo que recorría su cabeza y el que erizaba el vello de su espina dorsal.
Siguió caminando con mucha cautela y de repente, por el rabillo del ojo lo vio venir, el payaso salió corriendo hacia él desde el interior de la cocina, en su mano portaba un enorme cuchillo. Jesús, se giró y cerró los ojos a la vez que apretaba el gatillo dos veces; El payaso salió impulsado hacia atrás, un disparo en el pecho y otro en su ojo derecho acabaron con su vida en un segundo. Las manos de Jesús temblaban como las de un anciano afectado por párkinson, todavía no se había movido ni un centímetro cuando aparecieron corriendo María y Pedro, la joven grito al ver el cuerpo ensangrentado de su hermano. Jesús soltó el revólver y al bajar la vista, comprobó que había caído al lado del cuchillo que portaba el payaso, un enorme cuchillo de plástico.
Cuando Amelia llegó a casa, la calle estaba tomada por vecinos curiosos, coches de policía y un par de ambulancias. Entró corriendo en la casa y se dirigió a su hijo que sentado en un sofá, lloraba sin producir un solo sonido, lo abrazó y observo que el traje de Frankenstein que tenía puesto era nuevo, pensó que María, como le había prometido, había decidido regalarle uno nuevo de su talla.
Halloween era sin dudarlo su fiesta preferida. A las 20.00 h. Pedro enfundó su disfraz favorito, un perturbador disfraz de payaso de tez blanca, nariz colorada y amplia sonrisa, recogió el revólver de su mesilla y miró su imagen reflejada en el espejo, estaba a punto de cumplir los veintiún años. Se acercó a su otro yo inverso hasta casi tocar el cristal y dirigiéndose a su imagen susurró… Feliz Hallowen.
Título: Hallowen \ Género: Ficción \ Autor: El Susurrador \ Imagen: Internet

9 comentarios:

EURICE dijo...

¡guau! no esperaba ese final.
Me encanta leer historias de terror psicológico a estas horas.
Boas noites Susurrador.

Jose dijo...

En esta fría noche aún sigo
asustado, pues estoy sin techo en el muro, y escucho muchas lamentaciones ,por lo que pensé visitaré, El susurrador de medianoche.y asi lo podre saludar,
bonito este oasis cultural

Noelia dijo...

Muy bueno!! me encantó Seguí la lectura sin tener idea de lo que iba a pasar más adelante y el final sublime !! Ese traje de payaso me recuerda algo mmmm

Feliz inicio de semana


Noe

Gara dijo...

M encantan las historias de terror y tu las escribes de maravilla.

Besos

Urko dijo...

Magnífico, Susurrador. Eres el mago del suspense y del terror en la esfera blogger. Muy bien escrito. Un saludo.

laquesuscribe dijo...

Buen final, Susurrador susurrante aunque llego un pelín tarde para Halloween

Un beso

rapanuy dijo...

Vestirse de payaso es incitar a que te vuelen la cabeza, yo no les he visto nunca la gracia, éste desde luego no volverá a asustar a nadie más, al menos de cuerpo presente.

vangelisa dijo...

este relato es genial! alucinante final!
besos

El Susurrador dijo...

R - A todas y todos.
Perdonad por la tardanza en contestar vuestros inestimables comentarios. Los fui leyendo a medida que los iba recibiendo pero, me gusta contestar a lo que me decís, no hacerlo por hacerlo y bueno, un pequeño bajón me impidió hacerlo como a mi me gusta. De hecho algun@s habréis notado un retraso entre publicación y publicación, Falta de tiempo, de inspiración y sobre de todo, un ánimo muy bajo son los causantes, no sé, será el regreso de la lluvia, el cielo gris que cubre Galicia o simplemente, la morriña gallega que nos vuelve algo bohemios.
Un muy cordial saludo a tod@s y muchas gracias por leer mis relatos.

Un susurro a todos desde un oscuro y profundo bosque gallego, donde el Fendetestas discute a diario con el Alma en pena que le asusta a sus víctimas. El bosque es conocido como… El bosque animado.