"La gente cree que soy una persona bastante extraña. Eso es incorrecto. Tengo el corazón de un niño pequeño. Está en un frasco de vidrio sobre mi escritorio" . Stephen King.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La Flor

Permanecía sentado al fondo de la sala, junto al gran ventanal que daba al patio. Miraba como las primeras hojas del otoño se arremolinaban en una esquina sombría. A ratos volvía sus ojos hacia la pantalla del televisor, siempre la misma rutina, siempre la misma telebasura. Veinte segundos de publicidad fueron suficientes para captar su atención, una preciosa niña, jugaba con su madre en un anuncio que ya no recordaba que anunciaba. Eso era lo de menos, lo demás, era que aquella niña, aquel angelical rostro, le recordó a su hija, y entonces se dio cuenta.
La pequeña de la tele no le permitía ver otra imagen, la imagen de su niña. Cerró los ojos, pero fue totalmente incapaz, su pequeño rostro ya no aparecía en su mente. Intentó encontrar la imagen rebuscando entre sus recuerdos, entre lo mejor y lo peor de su errónea vida, pero no la encontraba.
La angustia provocaba que cada vez respirase con mayor dificultad, el pulso se le aceleraba hasta ritmos peligrosamente anormales, pero eso, sólo ayudaba a que su mente trabajase en otra dirección, muy lejos de a donde él quería llevarla.
Pasaron las horas y su deseo, aumentaba proporcionalmente al mismo ritmo que lo hacía su miedo, un miedo atroz que le mordía insaciablemente en algo parecido a lo que podría ser su alma. Las lágrimas, llevaron a sus labios el salado sabor del dolor y del arrepentimiento.
Decidió que no quería seguir así, que el momento era ahora o que seguramente, jamás volvería a tener el valor suficiente. Por una vez en su vida haría lo correcto, costase lo que le costase.
Lentamente consiguió dormirse, lentamente consiguió soñar, soñar con su madre, que tantas lágrimas había derramado por él. Soñar con sus hermanos, victimas colaterales de sus múltiples errores. Soñar con su padre, que pudo estar equivocado en muchas ocasiones, pero que ahora, en este momento, lo perdonaba porque el también conocía la dificultad de ser padre. Con su novia, con la que estuvo a punto de conseguirlo. Y, con su hija. Por fin, ahí estaba, caminaba hacia él con una preciosa sonrisa, con sus enormes ojos llenos de vida. En su pequeña mano llevaba una flor de papel, se acercó, lo besó en la mejilla y le dio la flor. Él la cogió de la mano, y entre risas, se alejaron caminando.
Por la mañana, lo encontraron muerto en su celda, con una sonrisa en los labios, en sus manos, un bote vacio de tranquilizantes y una flor de papel.
(A, J.M.M.B y a tantos anteriores)

Título: La Flor \ Género: Ficción (basado en hechos reales) \ Autor: El Susurrador \ Imagen: de (aquí)

4 comentarios:

Food and Drugs dijo...

Bonita, y muy triste a la vez. Pero ya se sabe la vida no suele dar segundas oportunidades... ¡Hay que exigírselas!
:-)

El Susurrador dijo...

R- Food and Drugs

Efectivamente amigo, la vida no da segundas oportunidades (casi nunca), por lo que yo creo que debemos de disfrutarla plenamente pero siempre con respeto, sobre todo, con respeto hacia nosotros mismos.

Un muy cordial abrazo.

vangelisa dijo...

no hay segundas oportunidades...si dejas pasar el tren ese se va....

me dejas pensativa...

escribes muy bien, intrigas....
un beso

El Susurrador dijo...

R-Vangelisa

Así es, pero como dije antes, debemos disfrutar sin necesidad de ser extremistas. De no ser así, luego el precio será demasiado alto.

Otro beso para ti.